viernes, 5 de junio de 2015

LA COBARDÍA FEROZ DEL SILENCIO - Antologías


La unívoca dirección constante del viaje que no tiene retorno.
FABRICIO SIMEONI


a-I
sabemos del final el adiós
irreversible el fuego inmanente
no es un sueño sombra el miedo el espejo
alguien llora miserable en la sombra
cuando llega la hora o el simulacro
más arriba del silencio crepita
deliberada lengua de fuego
que de nadie un consuelo enciende
ante la nada normalmente letal
innecesariamente tal vez violento final decida


a-II
Sabíamos que impertérrito al fi nal
en la bitácora escribiría “viraje”
que en el sollado popa proa
había insomnios. Que no era
mentira la barahúnda.
Que el verdemar llevaría
algo más que la ilusión.
Que teníamos dos palabras
una canción. A Pablo.
Buscaba una mentira
o tal vez nada en ese mar a veces
blanco de olas de sal
sólo que nadie está mirando esa foto
tampoco el lado mendigo de su espanto


a-III
tus pezones erizados abiertos
a las yemas del viento presagian
la naciente dando morena
tu alimento de pájaros
hembra de todos los mares
no alcanza mísero clamor
el pan sobre la mesa el sexo
en un grito por la noche
bendita la miel en ella
a donde vamos
no adivinan tristezas
el ocaso compañera
ni el ahora
de tan negra soledad


a-IV
No largará la piedra
hasta que el polvo acabe
con la suerte del vigía.
Poeta asesinado. Subversivo
entre los muertos. Del silencio
iluminándolo insurrecto.
De azar al azar. De
viento. De tormenta


a-V
agua agua que vienes agua
blanca sal de tus lenguas
tu sonante no es tu rabia ungida
el segundo día tu día agua
tal vez rompa la bruma de un sueño
simiente la madrugada esquiva
la doble herida ámbar de la aurora
el unísono aguijón del viento una botella
sola de mar de horizonte


a-VI
no sé qué es la poesía
no puedo querer no saberla
de gorriones sangrando
jirones amarillos mundana
al ras de una hoja temblorosa


a-VII
cuenta la caracola que llevas
cansino y solo tu lamento
y dónde la arenita, ay!
cuando de pronto
lastima caliente


a-VIII
El agua vuelve a su cauce soberana
fuera de las manos del hombre
el viento blanco dueño señor
de la montaña se hace de piedra
como pequeños caracoles zigzaguea
con un simple pero absoluto dominio
de los días amarillos. Como una aguja
ahonda el silencio penitente. Un ángel
que de águila deja atrás una leyenda
al resguardo del mismísimo suspiro
y nada les quitó esa sombra de agosto
ante el súbito descuido
tras esa delgada línea roja. Déjame
un trozo de pan que el devenir
no sabe de la vigilia


a-IX
pueblo abandonado
por calcinos insepultos
en casas mudas y ensordecidas
han dado a la muerte la luna
y los grillos del viento lejos
del agua todas las calles
llevan el sepulcro


a-X
Del principio estás lejos
magia prescrita jamás nacida
a la muerte no llames gitana
que nunca es sigilo fi nal
y nada en la nada tu lágrima.


a-XI
acaso yace entre nosotros
o sólo conmigo el verde
de las hojas ella
o su infortunio
sin embargo
no todos lloramos


a-XII
Clama
violeta
silvestre
tu
nombre
que
sobre
eterna
ceniza
yace
el
espanto

4 comentarios:

Demian dijo...

Acabo de agregarte al facebook y me alegra encontrar tus letras. Ire leyendo de a poco. Un placer

Anónimo dijo...

soberana tu poética, orlando, como el agua. el misterio de la palabra escondido en la propia palabra. todo un arte. abrazo inmenso. susana zazzetti

Anónimo dijo...

soberana tu poética, orlando, como el agua. el misterio de la palabra escondido en la propia palabra. todo un arte. abrazo inmenso. susana zazzetti

Orlando Valdez dijo...

Gracias . Es un honor para mí.
recordando a José Emilio Pacheco que uno no lee al otro sino que se lee en el otro.
Saludos cordiales.